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¿Puede el apetito estar influenciado por algo más que el hambre?

Autora: Ma del Carmen Arias Gómez


Cuando tomamos la decisión de comer, muchas veces no tenemos conciencia de por qué lo hacemos, el apetito está influenciado por la vista a la comida, el ambiente de la habitación y lo que comen las personas a tu alrededor.

Es por eso que es importante prestar atención a las señales externas que tienden a provocar el comer en exceso, por ejemplo, el tamaño de tus platos. También es útil prestar atención a las señales internas de tu cuerpo. ¿Comes cuando estás aburrido? ¿Tiendes a detenerte tan pronto te sientes saciado, o sigues comiendo hasta que tu plato está limpio? Tu propio cuerpo y estado emocional servirán como una mejor guía que un conteo de calorías. 

Observa si tiendes a comer más en respuesta al estrés, la ansiedad o el nerviosismo, y piensa en estrategias para evitar comer en exceso cuando esos estados de ánimo golpean.

Veamos como hay algunas formas de contrarrestar las señales comunes de apetito:

1.-Esconde los bocadillos, o mejor aún, no los compres. La gente bromea sobre la dieta de “ver comida”: la ves, la comes. Pero en realidad no es una broma. Tiendes a comer más bocadillos si los ves por ahí. Si tienes, colocalos en el fondo de un cajón, donde no te sentirás tentado de verlos.

2.- Sirvete en la cocina. Para evitar las segundas porciones, sirve tus porciones en cada plato desde la cocina en lugar de llevar tazones a la mesa del comedor. Mantener la comida restante fuera de la mesa hace que sea menos probable servirse más.

3.-Come sin distracciones: no conduzcas; mires la televisión; leas; revises correos electrónicos ni realices otra actividad mientras comas. Todo esto puede resultar en una alimentación sin sentido. Simplemente encuentra un lugar tranquilo, toma asiento y come. 

La multitarea mientras comes hace que consumas más alimentos sin siquiera darte cuenta. Por el contrario, comer conscientemente, prestar atención a lo que estás comiendo, mientras disfrutas los sabores, los aromas y la textura de los alimentos, puede ayudarte a disfrutar más de tus comidas y a comer menos. (Eso también sirve para los bocadillos). Si estás comiendo de pie, no estás prestando atención a su comida.

5.- Aprende a distinguir el hambre de los antojos. La próxima vez que tu cuerpo esté pidiendo chocolate o papas fritas, pregúntate si realmente tienes hambre. El hambre física tiene una varios indicadores, que incluyen fatiga, aturdimiento o un vacío que siente en la boca del estómago. Es más probable que un antojo sea una sensación de incomodidad o agitación en la boca o la cabeza. El apetito desaparece con cualquier alimento que comas, mientras que un antojo solo se satisface con el alimento particular que anhelas, si es así, intenta distraerte. Sal a caminar, llama a un amigo o pon música y baila en la casa. La mayoría de los antojos desaparecen en 10 o 15 minutos. El hambre no. Solo se vuelve más fuerte.

6.- Comer despacio. Es un consejo válido masticar lentamente, para que te sientas lleno después de comer menos alimentos que si comes rápido. Comer despacio no siempre funciona, pero cuando lo hace, la razón tiene tanto que ver con el cerebro como con el intestino. 

Los científicos saben desde hace tiempo que la plenitud de tu estómago es solo una parte de lo que te hace sentir satisfecho después de una comida; el cerebro también debe recibir una serie de señales de las hormonas digestivas secretadas por el tracto gastrointestinal.

Las señales complejas que controlan el apetito solo se entienden parcialmente, pero al comer demasiado rápido, es posible que no le dé a este intrincado sistema hormonal de conversación cruzada suficiente tiempo para trabajar. El intestino se le llama hoy el segundo cerebro para saber más del tema consulta el libro: La increíble conexión intestino cerebro