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Las palabras en nuestro cuerpo

04 de octubre de 2017


El cuerpo es una superficie que parece cambiar al mismo ritmo que el mundo que le rodea; es lo que nos representa como sujetos que viven y aman, pero, entre otras cosas, padecen. En el cuerpo habita la palabra y la palabra habita al cuerpo, por lo que es innegable el hecho de que hablamos por medio de él, puesto que no sólo es un sistema biológico sino también está atravesado por el lenguaje, por lo que decimos, por lo que pensamos y aquello que decimos y pensamos influye en nuestra salud y enfermedad.

A veces entramos en conflicto con nuestro propio cuerpo, pues nos sentimos incapaces de lograr una aceptación, conduciéndole a una negación de sí mismo. Aquí es donde podemos encontrar el poder que llegan a tener nuestras palabras en nosotros mismos, por ejemplo, se ha comprobado que la palabra NO al comienzo de un diálogo, el cerebro empieza a liberar cortisol, la hormona del estrés y la cual nos pondrá alerta, generando malestar, ansiedad o ira. En cambio, cuando escuchamos un SÍ, se activa la liberación de dopamina, hormona de recompensa y bienestar. Es decir, toda expresión, sea positiva o negativa, produce una descarga emocional en el cerebro.

A veces, con nuestras propias palabras limitamos nuestras capacidades, repetimos frases negativas y al poco tiempo se hacen parte de nuestra vida, nos las apropiamos nos hacemos uno con ellas, “soy la oveja negra de la familia” “nunca me sale nada bien” “siempre he sido gordita”. Y así nos limitamos y llegamos a desaprovechar nuestro propio potencial, caemos presos en el discurso que nos hemos impuesto.

¿Cómo poder hacer que esto cambie y salir de esta posición?

Antes de analizar las palabras, habría que revisar los procesos mentales y emocionales que las producen, pues aquellas son la consecuencia final y pretender sólo cambiar nuestras palabras y nuestro lenguaje no es la simple solución. Debemos analizar el estado emocional en el que nos encontramos, el porqué de un enojo o la agresividad que nos lleva a decir lo que decimos y sentenciarnos de esa manera; hacer una especie de reparación emocional.

Por otro lado, también están las palabras no dichas, aquellas que se convierten en silencios que llegan a formar nudos que duelen y crecen con el tiempo. Ese dolor que no se expresa se va a manifestar más tarde y lo hará por medio del cuerpo, pues éste expresará lo que la mente no puede. A veces llegamos a tragarnos, literalmente, esas palabras acompañándolo con comida, llenando vacíos que no sabemos cómo explicar.

Hablar de lo que nos sucede tiene un efecto reparador. La invitación es hacerlo con aquellos especialistas que saben escucharnos, puesto que en la relación con los otros, en el diálogo podemos recuperarnos, encontrar nuestras palabras perdidas y vivir sin miedo en nuestro interior.

Escrito por: 
Redacción VIME