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Los multiples placeres de la vida

16 de marzo de 2017


Una idea que suele coincidir entre los diversos estudiosos del desarrollo humano consiste en el hecho de que los seres humanos conocemos al mundo por medio de la boca. Pero ¿Qué quiere decir esto? ¿A qué se refieren con esta idea? ¿Por qué coinciden tanto en ello? Antes de ofrecer alguna respuesta quizá valga la pena resaltar que el reflejo de estas ideas también está presente en el común de las personas, aun cuando su labor o profesión nada tenga que ver con temas de desarrollo humano.Pensemos un segundo. ¿Cuántas veces hemos escuchado frases como: “¡No hay placer más grande que el de la comida!” o “¡El único gusto al que yo nunca podría renunciar es el placer de comer!” o incluso “¡yo no bebo ni fumo, mi único vicio es la comida!”? Seguro las escuchamos con gran frecuencia y quizá sea algo sumamente natural dado que verdaderamente el primer contacto de todo ser humano con el mundo es por medio de la boca.

Dadas las condiciones de extrema dependencia con que nacemos los humanos, requerimos por completo de la presencia y el cuidado de otro ser humano que pueda dar  respuesta a nuestras necesidades básicas de hambre, sed, sueño, limpieza, afecto, etc. En medio de estas condiciones contamos con 5 sentidos que nos ponen en contacto con el mundo y las personas que nos rodean, nos referimos a la vista, el oído, el olfato, el tacto y, por supuesto, el gusto. Este último es el que juega un papel fundamental en el inicio de toda vida pues es el que se encuentra involucrado con nuestra necesidad de alimentación. Un recién nacido no camina, no habla y no coordina sus movimientos pero si succiona, nace con el reflejo de succión, y ante la cercanía del calor de la madre y de ese latido que lo ha arrullado durante 9 meses reacciona con dicho reflejo en busca de su necesidad más primaria, la alimentación.

Ahora ¿Por qué hablar de la succión y de la boca cuando nos queremos referir a los placeres de la vida? ¿Por qué ponernos a hablar del desarrollo humano? La respuesta consiste en que tanto los niños, como los jóvenes, los adultos y los ancianos, en muchas ocasiones y aspectos no somos tan distantes de lo que fuimos cuando bebes de brazos. Por poner un ejemplo, hoy por la mañana escuche en el radio una nota sobre la Encuesta Nacional de Consumo Cultural de México (ENCCUM, 2012), elaborada a cargo del INEGI, de la cual me llamó la atención un dato específico, se refiere a que la mayoría de los mexicanos, cuando viajamos o visitamos un lugar nuevo, podemos prescindir de conocer los museos, las salas de música, las exposiciones culturales, etc., pero algo de lo que casi nunca se restringe, y a lo que damos prioridad, es a conocer la comida típica del lugar que estamos descubriendo. No podemos perdernos de sus sabores, su sazón, su variedad de platillos, en general no dejamos de conocer su gastronomía.

Hasta aquí todo suena muy lógico pero entonces yo me pregunto ¿y los otros 4 sentidos? ¿Por qué damos prioridad a la comida? El cuerpo humano tiene muchos sentidos, y los seres humanos tenemos muchas capacidades. ¿Por qué entonces nos limitamos a los placeres que podemos darnos por medio del gusto? ¿Es que acaso creemos que todo lo bueno ha de llegarnos solo por la boca? Esto si bien por un lado suena muy lógico y natural, por otro resulta sumamente limitado y rígido. ¿Es que acaso nos falta curiosidad en la vida? ¿Será que en ciertos aspectos nunca dejamos de querer conocer al mundo como los bebes?

 

A continuación un pequeño listado de placeres de los que quizá nos hemos olvidado:

  1. ¿Cuándo fue la última vez que saboreaste todos los colores de un paisaje?
  2. ¿Cuándo fue la última vez que te embriagaste con la música y la euforia de un concierto?
  3. ¿Cuándo fue la última vez que te acostaste en el campo, quedándote descalzo y te deleitaste con las texturas de la tierra y el pasto?
  4. ¿Cuándo fue la última vez que te acabaste la pista de baile dejando fluir los ritmos de tu música favorita por tus oídos y por todo tu cuerpo?
  5. ¿Cuándo fue la última vez que te quedaste con un buen sabor de boca después de ver una buena obra de teatro?
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Escrito por: Allan J. Hernández Ceron

Allan Hernández, psicólogo y psicoterapeuta, siempre interesado en la transmisión de la importancia que tienen las emociones y los pensamientos para llevar una vida saludable, tanto dentro como fuera de uno mismo. En VIME procura conjugar este deseo con la psicoterapia.